P R O J E C T S

El vigía
The lookout





some A R T W O R K S




El arrastre /// sculpture /// white resin /// 2:2 A/P


El arrastre /// digital print /// 60x35 cms. /// 5:5

Implantación de conductas (I) /// drawing on paper /// 42 x 29,7 cms.

Implantación de conductas (II) /// drawing on paper /// 29,7 x 21 cms.

Implantación de conductas (III) /// drawing on paper /// 29,7 x 21 cms.

A sunday ride /// drawing on paper and garbage /// 29,7 x 21 cms.

TEXTS - ARTIST INFO

O S C A R S A N T I L L A N


Lo que empieza mal, no termina fácilmente[1]

Oscar Santillán

Motel

Se cuenta que en cierta ocasión a Humberto Moré, el pintor ecuatoriano, la señora casada con la que se hallaba en un motel le pidió que no le contara a nadie sobre aquel encuentro a punto de consumarse. Él contestó:

- Mejor no hagamos nada y déjame contarlo.

La anécdota –en su hilaridad– bien podría servir para localizar y discursar sobre dos sustancias disímiles. Ella parecería proponer la realidad, mientras él se acercaría a lo real. Es la misma distancia que existe entre mentira y ficción. Moré[2] se niega entonces a lo fácil, al engaño, a callar sus actos, como sabiendo que el engaño no tiene misterio. Si el silencio ha de practicarse no será con vergüenza ni complicidad sensiblera[3]. Milán Kundera ha descrito claramente este dilema al explicar que “la realidad la percibimos a diario, lo real en cambio debe ser demostrado”. Al pintor le interesa lo real, y es mediante la ficción[4] que se compromete con lo real.

Pero la tentación de la realidad es inmensa, casi lo consume todo. La misma producción artística ecuatoriana le debe demasiada lealtad. Una mirada del imaginario que la ha motivado da cuenta de estas limitaciones. Los comentarios sociales abundan: política (digamos las consecuencias de la política profesional), religión, participación social y su manto de benevolencia, y la lista seguiría con variantes de lo apuntado y quizás unos cuantos temas que no logro nombrar. Como complemento tenemos la pretensión tardía del cine ecuatoriano por “contarnos quiénes somos”, que es sino sinónimo de banal lealtad a relatos y construcciones irrelevantes: la realidad. No me interesan sus preguntas ni sus postales criollas.

El Retorno

Sobra decir que no creo en la ficción como contradicción con “lo ocurrido”, pero sí como un intento por intuir el futuro. Estamos repletos de pasado, nos rodea por todas partes. ¿Será posible crear algo que no sea consecuencia de la modernidad en ninguna de sus variantes, ni siquiera post o alter? Dar un salto hacia un futuro que no ha sido tocado por el pasado: un futuro que no es desembocadura pero un hallazgo sin cartografía. Ha sucedido antes: La Fuente de Duchamp. Claro que esta obra proviene de cierto linaje que puede ser rastreado, pero entre el objeto y el pasado existe una brecha que no es presente, sino futuro. Rompe con el continuum e inicia una nueva secuencia[5] en lugar de expandir una existente. La obra tiene linaje pero no tiene padre ni madre. La brecha es de fuego e incertidumbre, de desobediencia. Es la ficción que resquebraja la linealidad de la narrativa histórica, para devolvernos al caos donde el nombre de las cosas es desconocido.

Volviendo al pasado, al nuestro: el indigenismo. Hay un momento silencioso y poderoso del primer indigenismo, aquel de Los Trabajadores. Pero pronto el misterio se perdería, para los indigenistas aquello era sino una baratija: lo canjearon por una teatralidad ruin. El gran problema del indigenismo no es siquiera la victimización con la que ahoga a los sujetos representados a los que pretendía reivindicar, sino su incapacidad de fracturar los afanes narrativos de la representación pictórica, que es una institución ultraconservadora. La mascarada de la representación europea adopta máscaras indígenas sin que el rito de la representación –su corpus narrativo– sea herido. Pronto esas imágenes serían incorporadas al discurso nacional. El indigenismo se transforma en un gesto histriónico patético. Es la demagogia de su discurso sensiblero la que se apoderó del espectro cultural nacional, sobreviviendo así por décadas, pero su proyecto artístico apenas nacido había muerto.

Debido a la falta de un continuum claro[6], a los artistas ecuatorianos nos cuesta mucho encontrar dónde acometer la brecha. Se ha creído entonces que la exploración del tramado social más conflictivo podría sustituir nuestra carencia de una tradición artística con la que dialogar. Quienes lo hacen –la mayor de las veces– son artistas que sucumben a la tentación de la realidad.

Es en la incertidumbre de lo real donde encienden las llamas que atraviesan la carne y la destrozan, solo para permitirnos el silencio y el abismo.

Sinopsis para video

Guayasamín ingresa a escena en un caballo púrpura. El viento palpita en la ladera. El caballo se detiene y calmadamente el pintor desciende y se acuesta en el pasto. El animal se recuesta junto a él.

Yacen juntos mientras se escucha un remake del clásico de Dead Kennedys “Too Drunk to Fuck” probablemente interpretado por Delfín Quishpe.

Moral

Tres viajeros que admiro:

Donald Crowhurst (el cobarde)

Bas Jan Ader (el invisible)

Robert Falcon Scott (el derrotado)

Siempre es demasiado tarde

Quizás una de las razones por las cuales nuestro tiempo, este de nuestros días, está estancado en la magra felicidad del pluralismo, es porque nos hemos dedicado a reinventar el pasado en lugar de predecir el futuro. Esto nada tiene que ver con aquella vieja idea de progreso lineal de la modernidad. Nosotros tan ingenuos y aburridos pensamos por mucho tiempo que deconstruir la historia, recontarla, y reivindicar a los sujetos que fueron víctimas de su discriminación o engaño, nos daría nuevas pistas para echarnos a andar. Eso no sucedió, quizás sabemos mejor lo que no queremos repetir, pero así mismo, forzados por esa contradicción profunda que nos define, repetiremos los mismos errores una y otra vez. Hoy nos regocijamos inventando nuevas formas de repetirnos.

Un conocimiento más profundo del pasado no nos hará mejores. A la biblioteca del conocimiento humano habría que aproximarse con actitud dionisiaca ya que el conocimiento solo puede existir para los placeres de la especulación, de lo contrario nos arrastrará en la trampa del conocimiento como herramienta de transformación. La labor de destruir el pasado sigue intacta, pero asumirla no serviría de nada.

Enemigos

I. Nosotros

Este paisaje verde y húmedo seguirá aquí cuando el Ecuador desaparezca. El país nunca se embarcó en ninguna empresa lo suficientemente ambiciosa como para romper su maldición, el anonimato. Nada habría importado la consecución o fracaso de la misión, tanto un gran triunfo como una gran derrota sirven en la irreprochable ambición de los fantasmas por hacerse de un cuerpo visible.

Se ha dicho que ya que los ecuatorianos tomaron el nombre de su país de una línea imaginaria son muy creativos. En realidad este hecho demuestra claramente lo contrario.

- Son tan faltos de creatividad que no se les ocurrió otra cosa que tomar el nombre que los franceses utilizaron previamente para nombrar la línea que divide el planeta en norte y sur.

- Son tan cobardes que robaron el nombre de una línea imaginaria, ya que el Ecuador nunca ha tenido el arrojo de hacerse de algo más tangible.

II. Nosotros otra vez

La Revolución Ciudadana no es el enemigo de los artistas ecuatorianos, ya que esta carece de carácter mítico. No es un rival digno de contingencia simbólica. Esta revolución no durará cien años sino cien meses (o en lenguaje burocrático, 200 quincenas). Si luego de ese tiempo alguien la recordara, será por el pomposo membrete de La Revolución Más Aburrida de la Historia.

Cuando en 1813 alguien publicó –probablemente en Poitiers– una postal de Napoleón cogiéndose a un french poodle, el gesto solo pudo generar bostezos. Los franceses ya estaban hastiados de las ambiciones del emperador, y fastidiados de la melancólica mirada de los mencionados perros.

III. Bidimensional

Es curioso que sea pintura (¡Viva La Pintura!) lo que mató a Napoleón, o al menos una de las hipótesis esgrimidas sostiene que el arsénico contenido en los pigmentos del papel tapiz de su habitación habrían sido los causantes de su muerte.

IV. Desprecio

Se cuenta de cierto crítico de arte (de izquierda) que años atrás solía hacer de marchante en Guayaquil. No faltaba el artista que en medio de apuros económicos se le acercara a “pedirle” que adquiriese alguna obra suya. Con su inmenso corazón y devoción por los artistas accedía continuamente a aquella proposición, comprando su trabajo (en contra de su natural benevolencia) a precios injustos.

Fragmentos[7]

Dar un consejo es una vulgar manera de mentir. Pedro Almela. El Elefante y la Sirena.

I am for an art that takes its form from the lines of life itself, that twists and extents and accumulates and spits and drips, and is heavy and coarse and blunt and sweet and stupid as life itself. Claes Oldenburg. I Am for an Art.[8]

‘…, if you say that artists take “risks”, it’s insulting to the men who landed on D-Day, to stunt men, to baby-sitters, to Evel Knievel, to stepdaughters, to coal miners, and to hitch-hikers, because they’re the ones who really know what “risks” are.’ She didn’t even hear me, she was still thinking about what glamorous ‘risks’ artists take. (…) Andy Warhol. The Philosophy of Andy Warhol.[9]

La verdadera lucha es con el duende. (…)

Cuando la musa ve llegar a la muerte cierra la puerta o levanta un plinto o pasea una urna y escribe un epitafio con mano de cera, pero en seguida vuelve a rasgar su laurel con un silencio que vacila entre dos brisas. Bajo el arco truncado de la oda, ella junta con sentido fúnebre las flores exactas que pintaron los italianos del XV y llama al seguro gallo de Lucrecio para que espante sombras imprevistas. (…)

En cambio, el duende no llega si no ve posibilidad de muerte, si no sabe que ha de rondar su casa, si no tiene seguridad de que ha de mecer esas ramas que todos llevamos y que no tienen, que no tendrán consuelo.

Con idea, con sonido o con gesto, el duende gusta de los bordes del pozo en franca lucha con el creador. Ángel y musa se escapan con violín o compás, y el duende hiere, y en la curación de esta herida, que no se cierra nunca, está lo insólito, lo inventado de la obra de un hombre. Federico García Lorca. Juego y Teoría del Duende.

Evidencia

La ficción no puede ser retórica sino ética y erótica. El ficcionador sigue siendo el pionero romántico[10] aunque despojado de su antigua aura mítica y solitaria. Si bien este se niega a ser un ciudadano y comulgar con las normativas de su tiempo, no está alienado sino que participa bajo sus propios términos: son el silencio y la desobediencia los que le permiten preguntarse en qué condiciones le es deseable sentarse a la mesa.

Aprender a estar solo, cómo hacerlo, sigue siendo una pregunta de pertinencia irreprochable, especialmente ahora que es vital ser un agente activo en el ecosistema de información e innovación al que biopolíticamente nos pertenecemos. Y es que sigo creyendo en una voluntad nietzscheana: determinante aunque diminuta. Aun cuando los mapeos cerebrales hayan mostrado que el libre albedrío no es tal, todo parece decirnos que en lugar de encogernos, nos hemos ensanchado y que los bordes de nuestro cuerpo son menos definidos, a la vez que más complejos e indescifrables; como demostrando cierta alquimia posible que transforma la carne en aire.



[1] O, una continuación de “Evidencias de la Tercera Mutación”, el texto que publiqué en 2008.

[2] Me refiero aquí al artista como persona, no a su obra. De hecho su trabajo no despierta en mí ninguna emoción de la proporción de la citada anécdota.

[3] El silencio que ella propone está lleno de palabras calladas, las palabras que él propone están llenas de silencio.

[4] Secular y ascética.

[5] El término lo he tomado de George Kubler, específicamente de “The Shape of Time”.

[6] El dialogo con nuestros antecesores modernos ha sido inviable y, como sea, quizás es indeseable. En todo caso si este ha existido ha sido como reacción-a, no como presupuesto de partida.

[7] Ya que no he hallado la traducción oficial al español de varios textos he tratado de traducirlos.

[8] Creo en un arte que toma su forma de la vida misma, que se retuerce y extiende y amasa y escupe y suda, y es pesado y ordinario y brusco y dulce y estúpido como la vida misma.

[9] “…si tú dices que los artistas toman “riesgos”, eso es un insulto para los hombres que invadieron Normandía, para los dobles cinematográficos, para las niñeras, para Evel Knievel, para las hijastras, para los mineros, y los que echan dedo en la carretera, porque ellos son los que realmente conocen el significado de tomar riesgos”. Pero ella ni siquiera me escuchaba, ella seguía pensando sobre los glamorosos “riesgos” que toman los artistas.

[10] Figura que curiosamente parece apenas existir en el imaginario ecuatoriano.



UN FANTASMA QUE RECORRE EL MUNDO

Unas cuantas ideas sobre mi trabajo. Oscar Santillán


Algún tiempo atrás empecé a deshacerme de mis viejos prejuicios (quizas solo para adquirir unos nuevos), esta bifurcación de alguna manera divide una primera instancia de mi trabajo en la que estuve cerca del discurso post-colonial, encarando la representación occidental de las periferias y cómo se interioriza esa mirada (Prácticas Degeneradas), reflexionando sobre la relación jerárquica entre el cubo blanco, la obra y el público (Arte para perros), o intentando deconstruir fragmentos de la Historia Nacional (Piedra, papel o tijera; o, El arrastre. Repetición de un monumento que no se ha hecho).

Ahora bien, a pesar de mi actual inconformidad con varias de estas ideas, creo que el haber dejado espacio para la intuición ha sido lo que en realidad ha permitido que estas obras sigan vivas y sean al menos algo más que pretenciosas ideas con cierto ingenio.

Aunque nunca se materializó por falta de financiamiento, Plano Gral. fue el proyecto que marcó un contagio de estos intereses previos y de algunos nuevos: la bifurcación. La idea inicial fue hacer una convocatoria pública para encontrar “ciudadanos” que se parezcan al Gral. Eloy Alfaro (el gran héroe nacional del Ecuador). Mi intención era multiplicar las versiones de la historia oficial, pero en el proceso, el molde-referente (el General) se fue convirtiendo en mero pretexto hasta quedar finalmente atrapado con el extraño y oscuro encuentro de seres que se parecen entre sí. Esa imagen no la podía explicar pero sabía que la deseaba.

*


Hoy me defino políticamente como agnóstico social y creyente en el azar antes que en el discurso sin fisuras (que siempre pretende transformarse en verdad) proveniente de la razón y el lenguaje. Es muy conocida la cita de Hegel “la contradicción es el motor que mueve el mundo”, y es precisamente en la práctica de esa contradicción en la que trato de inscribirme, tratando más olvidar que saber.

Mientras el discurso – con el uso del lenguaje – pretende explicar la contradicción (o darnos pistas, o “enseñarnos a pensar” a fin de cuentas), el arte es pensamiento incluso más allá del lenguaje. Contra el positivismo del lenguaje: la oscura indefinición del azar.


*

El creciente no pesa más porque los hombres asciendan

Los ojos del río tinto, José Lezama Lima


El azar se manifiesta en la vida cotidiana, no en los “grandes hechos de la Historia”, ya que aquellos son considerados “procesos sociales”. Quizas desde la cotidianidad se puedan proponer otras versiones del mundo, donde la imagen de lo creado y lo acontecido sean equivalentes. El mundo es solo un fantasma de posibilidades, donde las causales no ayudan en absoluto a la comprensión del fenómeno.

En mi nuevo trabajo la fotografía está teniendo un rol importante, ya que me permite acercarme con agilidad a situaciones cotidianas en las que he intervenido o planificado, como los pequeños retazos de periódico colocados en una telaraña (Spider statement), la fluorescente enterrada bajo la nieve (Buried Sparkle) o el reflejo del árbol que se prolonga en la grieta de la calle (Several falls).

Mientras por otro lado, en obras “más grandes” trato de “procesuar” materiales hasta que prácticamente ellos mismos sean rastros de su antigua condición, como en Memorial. O, en el otro extremo, corporizar estelas, como en Failed dawn.

Sin embargo en mi trabajo actual hay un premeditado trasfondo político que quizás aún no es tan perceptible. De cierta manera hay una reflexión entre líneas al desencanto sintomático (que creo ya está discretamente en movimiento) en la generación actual de artistas emergentes ecuatorianos.

Hay un fantasma que recorre el mundo, el fantasma del Romanticismo.



CV

Oscar Santillán (Ecuador, 1980) es uno de los artistas emergentes más visibles de la escena del arte contemporáneo ecuatoriano.
Adicionalmente a su trabajo personal, fue co-fundador y miembro activo del colectivo Lalimpia, con el que en marzo de 2009 tuvieron una participación prominente en la Bienal de la Habana, Cuba.
Ha exhibido en UK, USA, España, Venezuela, Panamá, Colombia, entre otros. Actualmente cursa el masterado (MFA) en escultura (Sculpture + extended media) en el prestigioso programa de VCU (Virginia Commonwealth University), en Richmond, Virginia, USA.

Algunos de los premios que ha recibido son: Primer Premio, Salón de Octubre, Casa de la Cultura Ecuatoriana // Premio París, Bienal Internacional de Cuenca // Premio Único, FAAL, Museo Municipal de Guayaquil // Segundo Premio, Salón de Julio, Museo Municipal de Guayaquil // Mención de Honor, Bienal Internacional de Cuenca.

CONTACT
Oscar Santillan --- oscarsantillan@ymail.com
Richmond, VA, USA

Statement - Contact info

The gap between the possible and the impossible, between reality and fiction, has been the creative territory from where my practice departs.
The repertoire of strategies is always expanding and includes means such as: the transmutation of materials; documentation of unorthodox actions; or, the actual deception of the eye without the use of post-production methods.
Then, these strategies interweave with a phenomenological approach committed to creation as a physical action in the world, as the embodiment of reality.
As every new experiment requires a different set of skills, a prominent amount of effort has been devoted towards the dialogue with others. The igniting spark comes always from unapologetic speculation, from the simple curiosity of asking “what if” to others and myself.
I consider my practice as a vindication of curiosity. I hope to find what is epic in the small, in what is obvious but somehow unnoticed, in a blink, in a falling leaf, in a newspaper, in a casual encounter.

Contact: santillano@vcu.edu
Oscar Santillan is represented by dpm